ARQUITECTURA POPULAR (1)

O de la arquitectura sincera

Algunas veces, cuando un cliente nos encarga su casa, en un primer momento comenta: “Quiero una casa como esa”.

A uno le sorprende que el ideal de vivienda de alguien sea precisamente la de su vecino, pero este es un hecho que al parecer se da de manera habitual.

Y, a veces, la casa del vecino es difícilmente clasificable.

Se podría decir que la casa del vecino pretendió ir en la búsqueda de una línea neotradicional, neomedieval, neorural… lo podríamos llamar “estilo Disneyland”, para entendernos. Algo falso, donde todo es mero maquillaje, donde nada es lo que parece y que absolutamente nada tiene que ver con lo que seguramente pretendía: hacer una casa tradicional.

No hay duda de que pudiera estar cargado de buena intención pero, desgraciadamente, en general la buena intención no es suficiente.


(Castillo de la Bella Durmiente. Disneyland París, 1992)

La arquitectura popular o tradicional es algo mucho más serio. Y, si no somos conscientes de ello, es fácil que acabemos con parte de nuestro Patrimonio, demoliendo verdadera arquitectura tradicional para sustituirla por otra mucho peor.


(Casas tradicionales castellanas. Covarrubias, Burgos)

La arquitectura popular es una arquitectura totalmente sincera, donde todo lo que se hace tiene algún motivo.

La arquitectura popular es una arquitectura sabia, consecuencia de miles de años de evolución constructiva que, en cada lugar del mundo, es el resultado de adaptarse al medio concreto, a un clima, a una cultura, a un entorno natural determinado dotado de unos materiales concretos, etc.

(Caserío tradicional vasco. Guipúzcoa)


(Casa tradicional balear. Ibiza)

En la arquitectura popular nada se hace porque sí, todo tiene una función constructiva.

La arquitectura popular ajusta los medios a los fines, es austera, controlada, modesta, nada ostentosa.

Las inclinaciones de las cubiertas son mayores o menores en función de la lluvia de cada lugar. Lo mismo ocurre con los aleros. Así, mientras en Japón existen aleros de varios metros de vuelo y cubiertas con grandes pendientes, en Ibiza las casas siempre han tenido cubiertas planas, a modo de terraza.


(Casa tradicional japonesa. Kyoto, Japón)

Los materiales utilizados son los que se tienen más a mano: la tierra, la madera o la piedra, en función de cada caso.


(Pagoda tradicional japonesa. Kyoto, Japón)

Entre estas casas que se presentan a continuación existen bastantes diferencias:

En una de ellas los gruesos muros de piedra son de carga, los forjados de madera, las piedras han sido talladas a mano una a una por un cantero, los sillares de las esquinas sirven para trabar los muros y los bordes de las ventanas son dinteles que formalizan los huecos y trasladan las cargas a los muros de fachada.

En las otras, la supuesta piedra de sillería es un chapado de 4 o 5 centímetros de espesor que reviste una estructura convencional de hormigón armado con pilares y vigas como la de cualquier construcción moderna, las piedras no han sido labradas a mano, sino que proceden de un catálogo más o menos estandarizado e industrial, los supuestos sillares de las esquinas no son tal y no tienen ninguna función estructural y los canecillos no proceden de la estructura de la cubierta, sino que son un mero adorno.




Parece tan evidente cuál es cuál que lo dejamos al criterio del lector.

En cada momento es adecuado construir conforme a nuestro tiempo, a nuestras posibilidades constructivas y materiales, a nuestra forma de vida, en definitiva. Si no, caeremos en contradicciones tan absurdas como la de querer vivir en una casa que pretende parecer antigua sin serlo mientras ansiamos desplazarnos en el último modelo de un vehículo y poseer todo tipo de instalaciones tremendamente sofisticadas, como ya se ha citado en otra entrada de este blog.

La arquitectura popular siempre ha sido coherente, lógica y sensata, y por ello es necesario conservarla y rehabilitarla, pero sin que pierda su esencia.

La arquitectura que hagamos hoy tiene que ser coherente con nuestra manera de vivir, con nuestras necesidades.

Recordando al finlandés Alvar Aalto (1898-1976), “El problema crucial en arquitectura no atañe a su perfección formal, sino a la tarea de crear, con medios sencillos, un entorno atractivo que armonice con nuestras necesidades biológicas”.

Fotografías: Enrique Jerez Abajo, Jon Martínez Aparicio.

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